martes, 25 de octubre de 2011

LUNA VERDE

La luna verde,
como la pegatina tridimensional
de una pequeña porción del universo.
El rostro del ahogado en un barril de anís
que yo contemplo.

Queso enmohecido.
Déjame pasear por tu jardín de flores
fosilizadas. Déjame decirte cuanta
angustia me causa tu lejana imagen.
Un cadáver flota en el mar respirado
y su sombra se dibuja en los tejados.
Rojas pompas resbalando por las tejas.

Formando parte de una naturaleza
muerta, oculta tras un telón de paja
apilada, en un montón para la quema,
que ya me abrasa.

VIOLETAS NEGRAS

Bajo tierra hay
una niña que llora.
De sus ojos un árbol
que bebe de sus lágrimas.
Y en lo alto una estrella
que sus padres sujetan
para que no caiga.

Enséñame
tu mano muerta.
Déjame besar
tu falsa alianza,
que brilla con la ausencia
de mi nombre en ella.

Violetas negras
para la niña triste.
Enterrada
entre pétalos de cal.

jueves, 25 de agosto de 2011

EL FINAL DEL VERANO.


      Es inevitable hablar sobre él en estos días. Mucho se ha escrito, compuesto y filmado directa o indirectamente. Los Beach Boys le dedicaron toda una carrera musical, sin ir más lejos. Se acabó, fin del asunto, Chanquete ha muerto. Las piscinas son la mejor metáfora. Las aguas quietas y turbias, ojo herido del cíclope moribundo del estío. Algún balón flota en ellas como coágulos de una herida lamida por el crepúsculo. Lloran pisadas húmedas los bordillos. Sus propietarios se apresurarán en vaciarlas o las dejarán como un retrato de recuerdo del loco fotomatón veraniego. Éstas criarán vida y serán objeto de investigación de los buzos de National Geografic durante todo el invierno. Se podrán ocultar en ellas cadaveres de malvados directores de colegio asesinados por sus esposas, como en aquella película... El último baño, el último beso... Un adiós tallado en las rojas nubes que siempre asoman en las noches de septiembre, mientras el lagarto fragmentado en infinitos ojos de luz regresa a casa por la autovía, ensayando posturas con los brazos abiertos, como los pescadores que cuentan mentiras.

lunes, 15 de agosto de 2011

MEDITACIONES DEL CAPITÁN NEMO

Para Miguel Ángel Sosa Higuera (q. e. p. d.).


Mi casa está donde dejo el sombrero.
Con trozos de mapas hago mi cama.
Cruzada atea sin armas, sin dama,
sin rey emprendo, con poco dinero.

Tal vez quede en mí aquel camarero
que aguantaba estoico al jefe que brama,
oscuras mujeres de dudosa fama,
narcorrocieros de ruín monedero.

Entretenedor que busco mi sino
por playas de cibernética arena
repartiendo ostias por el camino

a quien las busca, con gloria y sin pena,
como un sacerdote en mi submarino,
tal vez pensando en alguna sirena.

martes, 5 de julio de 2011

NUBES ROJAS DE SEPTIEMBRE


      Me han acompañado durante años pero sólo a partir de una cierta edad comencé a observarlas tratando de descifrar su significado. Siempre de madrugada, siempre en la primera semana de septiembre, y yo siempre en mi azotea, como el último surfista errante del mundo ante su gran ola de cada año; y ellas como aquel grupo de vikingos que entraron por el Guadalquivir hasta la Sevilla musulmana tratando de saquearla, hecho del que apenas quedan unas breves y temblorosas reseñas en las crónicas de la época y que hoy parecen imposible de creer, pero que sucedieron. Igual de increíble resulta la llegada de estas nubes flotando en el bochorno nocturno del cíclico verano que cada año, por estas fechas, toca en retirada.

       Estuvieron conmigo en los exámenes de septiembre, en las largas noches de cafeína y reflexión, y hoy vienen a visitarme una vez más, como las novias que no tuve, a las que encerré en baúles con llave que lancé, por el acantilado, al mar para que no doblegaran mi anarquía. Vienen a visitarme y son ellas las que me sacan a bailar en una fiesta de fin de curso en la que soy invitado, segurata, barman y pinchadiscos-con-gusto a la vez.

       En realidad todo el mundo está invitado pero sólo yo sé construir escaleras transparentes en la noche para acudir a la cita. Y me envuelven. Me consuelan. Me prometen volver como siempre, cada año, al comenzar septiembre. Sé que no faltarán a su palabra pero tal vez yo falte a la mía y no esté entonces para verlas. Es lo que tiene la jodida temporal y carnal condición humana.

       He bailado con todas y no sé cuál de ellas me gusta más, a cuál me llevaré a la cama hoy. Pero las muy zorras siempre huyen. Su inmaterialidad les ayuda (sí, ya sé que algún físico me discutiría esta afirmación) y yo no hago mas que chocar contra la pista de baile alquitranada del cielo cuando intento atraparlas.

       Suena una nueva canción, miro hacia la cabina y allí estoy yo pinchando. Me veo a mí mismo de segurata en la puerta, vigilando al tipo tirado en la pista de baile que soy y empezando a preguntarme si no es ya hora de echar a ese borracho alborotador que persigue a las chicas. Y actúo. Cojo al borracho del brazo pero caigo en la cuenta de que, entonces, también tengo que expulsar al pinchadiscos y al barman, pues son la misma persona. E incluso a mí mismo. “ ¡Venga!, ¡todo el mundo a la calle!”.

       Las chicas se quejan: “ No hacías nada. Somos nosotras las que hemos venido a verte. ¿Por qué eres tan duro contigo mismo si cuando tratabas de cogernos el culo hacíamos como que no nos gustaba para que el próximo septiembre vuelvas a subir aquí, con nosotras?”. En esos momentos, el lenguaje femenino de las nubes resulta difícil de entender para mí así que todos: yo, el barman, el pinchadiscos y el segurata, salimos del local, y una de las chicas susurra tímidamente: “nos vemos el próximo septiembre”.


FLOR DE GRANADA

Yo.
Mirando el cambio
de las formas
en el agua.

Tú.
Te volviste plata
en las montañas.

La lágrima bajaba
helada hasta el arroyo.
Yo voy subiendo solo
la cuesta hacia la luna.

Veo formas en el agua.
No es ayer ni mañana.
Dibujada en el fondo
la flor de la Granada.

Ya no soy el rey
que antes reinaba.
Disfrazado de mendigo
y enredado en telarañas.

¿Dónde quedó el camino?.
Ése que una vez pasé,
que no consigo
y que todavía no olvido.

¿Y la casa de las mil noches
cosidas en papel
en su piel de pared
luminosas y radiantes?.

El mismo marco frondoso
lleno de carmín de luna.
Las sendas que recorrimos
aguardan en la espesura
la vuelta de nuestros pasos.
Perdidos.

miércoles, 29 de junio de 2011

EL AÑO PASÓ COMO UN BARCO.

El año pasó como un barco.
Oscilando en vaivenes, indeciso.
La borda inclinada, el ancla rota.
Las millas sucediéndose en segundos.
Alcancé las tres islas a nado.
La cuarta a pie, por el suelo helado:
el trozo de hielo en el que descanso.

El año pasó como una canción.
Haciendo quiebros en el firmamento.
Transformando mis piernas en vapor:
agua con alas que sube a mi cara,
río subterráneo que me recorre.
La voz hace pausas que duran horas
y días cuando anda de puntillas.