miércoles, 9 de noviembre de 2011

AL AMANECER...

      Llegaron al amanecer, como los fantasmas familiares que se nos aparecen en el cuarto de baño con la primera meada del día cuando el sol todavía no ha salido. Un Seat Toledo gris, cuatro figuras espectrales encapuchadas envueltas en túnicas blancas, una escalera para saltar el muro, unas tenazas para cortar el alambre, el factor sorpresa que brindan los minutos previos al crepúsculo matinal y su efecto narcotizante en los vigilantes de seguridad privada que esperan ansiosos el cambio de turno para volver a casa; por supuesto los cuchillos-sables de cincuenta centímetros de longitud para la “ceremonia de purificación”, el plan hábilmente urdido en una urbanización de lujo por el Jefe Supremo un año antes, la fe ciega y el apoyo incondicional (rozando el fanatismo) de sus discípulos… Y no podemos olvidar el tablero de juego donde se iba a disputar la partida: aquella mediática casa situada en la sierra.



      Las cámaras captaron a las extrañas figuras atravesando el jardín como una procesión. El efecto de la, todavía, oscuridad y los focos de luz instalados en la casa provocaban la ilusión óptica de que aquellos seres extraños y encorbados no apoyaban los pies en el césped al andar sino que rodaban sobre él. Su rapidez de movimientos era extraordinaria y tal vez las personas que estaban a cargo de la realización del programa pensaron que la falta de sueño les hacía ver visiones. “¿Cómo podía ser?”, pensaban. “El personal de seguridad los habría detectado”. Pero el personal de seguridad esperaba lo mismo de las personas a cargo de las cámaras y los realizadores en ese endiablado círculo de reparto de culpas que se establece en una organización más o menos amplia cuando todos son conscientes de que la han cagado y nadie quiere reconocerlo. “Se nos han colado hasta la cocina”, dirían posteriormente en privado. Pero no, no pasaron primero por la cocina. Sabían lo que hacían. Tiraron para el gimnasio donde Ángel, el macho alfa de la casa, el único capaz de presentar alguna resistencia por sus conocimientos de artes marciales y su desarrollada musculatura, amén de su marcada tendencia a zurrar más de la cuenta, se encontraba relajado en el jacuzzi tras haber realizado su sesión diaria de ejercicios matinales. Un tajo en el cuello tiñó el agua de sangre y se puso fin a una brillante carrera de semental televisivo, además de aliviar la carga de trabajo de la Justicia por un juicio pendiente por maltratar a su ex esposa.





      Una vez eliminado todo fue sobre ruedas. Los otros tres concursantes eran presa fácil. Susana, compañera de “edredoning” del ya difunto Ángel, fue acribillada a cuchilladas en la cocina mientras engullía el primer yogurt desnatado con biobífidus del día, elemento indispensable (según ella) en su dieta de pajarito para conservar su belleza. Dicho yogurt había sido el principal protagonista de algunos de los mejores momentos del programa, al ser motivo principal de las discusiones de Susana con el resto de compañeros por pensar los demás que era un despilfarro. “A mí me suda el chocho”, decía la muy puta, con su horrorosa voz nasal de rubia teñida de extrarradio. Las “lenguas de metal sagradas” hablaron y Susana ya no sería portada de Interviú unos meses después, como pensaba. Saldría al día siguiente en las páginas de sucesos de los principales diarios del país.



      El resto fueron daños colaterales, que dirían los yankis. Martín y Nuria, pareja que se había conocido en la casa. El pobre cateto Martín, pastor de ovejas, al que tal vez el aburrimiento en su pueblo natal o una bravuconada etílica de solterón sin peligro en las últimas fiestas ante sus paisanos, le habían llevado a presentarse al casting para entrar allí; “pá conohé la hiudá” como decía el infeliz, y todos se reían más de él que con él cuando lo decía en riguroso directo. Nuria, licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla y parada de larga duración, que encontró en Martín la amistad y el amor sinceros  que nunca halló en sus compañeros de carrera, de instituto, de colegio, de guardería, de barrio o de generación en general, en una vida enterrada en libros que injustamente la había conducido al abismo del paro y la desesperación. Una chica tímida con un expediente académico de matrícula de honor. Ambos murieron con una sonrisa mientras dormían abrazados, ni se enteraron. Ya lo dijeron los colaboradores de la tertulia de la semana siguiente a estos desgraciados hechos, líder de audiencia por cierto, cuando retiraron todos los cadáveres de la casa (incluidos los de los cuatro asaltantes de la misma -dos hombres y dos mujeres- que se suicidaron en un último acto litúrgico), cuando ya la policía nacional detuvo al Jefe Supremo y se descubrió el plan.



      Yo, Leandro Guzmán , estaba de reserva para entrar en la casa sustituyendo a la insoportable y ya difunta Susana, cuya futura y esperada expulsión  se veía venir.
Participé en la tertulia postmatanza leyendo una emotiva nota de homenaje que preparé para la ocasión para unas personas que nunca conocí personalmente y con las que ni siquiera hablé o ni siquiera vi. Todo el mundo me aplaudió. Gracias a eso hoy presento un programa estafa- idiotas a altas horas de la madrugada que genera bastante dinero. “Animal con cuernos que embiste de cuatro letras, empieza por T y termina en O. ¡Venga, que es muy fácil y hay mucho dinero en juegoooo…!”.Hay noches en las que cuando me llevan a los estudios de televisión, me siento como un superviviente del Titanic.



domingo, 6 de noviembre de 2011

(...)

Piscinas oscuras.
Agua inmóvil.

Formas de pies de corcho
que del borde se elevaron.
Ya vuelan las últimas
huellas del verano.

El sol que desciende hará el milagro
de unir, desbordando, los estanques.
-"Yo soy luz, tú agua.
Yo tu alma, tú mi carne".

Mueve el viento el dorado espejo.
Los pasos de la tarde ahogados.
Muñecos de tierra y pasto secos
en campos vacíos y desolados.

Humean.
Lejos.

martes, 25 de octubre de 2011

LUNA VERDE

La luna verde,
como la pegatina tridimensional
de una pequeña porción del universo.
El rostro del ahogado en un barril de anís
que yo contemplo.

Queso enmohecido.
Déjame pasear por tu jardín de flores
fosilizadas. Déjame decirte cuanta
angustia me causa tu lejana imagen.
Un cadáver flota en el mar respirado
y su sombra se dibuja en los tejados.
Rojas pompas resbalando por las tejas.

Formando parte de una naturaleza
muerta, oculta tras un telón de paja
apilada, en un montón para la quema,
que ya me abrasa.

VIOLETAS NEGRAS

Bajo tierra hay
una niña que llora.
De sus ojos un árbol
que bebe de sus lágrimas.
Y en lo alto una estrella
que sus padres sujetan
para que no caiga.

Enséñame
tu mano muerta.
Déjame besar
tu falsa alianza,
que brilla con la ausencia
de mi nombre en ella.

Violetas negras
para la niña triste.
Enterrada
entre pétalos de cal.

jueves, 25 de agosto de 2011

EL FINAL DEL VERANO.


      Es inevitable hablar sobre él en estos días. Mucho se ha escrito, compuesto y filmado directa o indirectamente. Los Beach Boys le dedicaron toda una carrera musical, sin ir más lejos. Se acabó, fin del asunto, Chanquete ha muerto. Las piscinas son la mejor metáfora. Las aguas quietas y turbias, ojo herido del cíclope moribundo del estío. Algún balón flota en ellas como coágulos de una herida lamida por el crepúsculo. Lloran pisadas húmedas los bordillos. Sus propietarios se apresurarán en vaciarlas o las dejarán como un retrato de recuerdo del loco fotomatón veraniego. Éstas criarán vida y serán objeto de investigación de los buzos de National Geografic durante todo el invierno. Se podrán ocultar en ellas cadaveres de malvados directores de colegio asesinados por sus esposas, como en aquella película... El último baño, el último beso... Un adiós tallado en las rojas nubes que siempre asoman en las noches de septiembre, mientras el lagarto fragmentado en infinitos ojos de luz regresa a casa por la autovía, ensayando posturas con los brazos abiertos, como los pescadores que cuentan mentiras.

lunes, 15 de agosto de 2011

MEDITACIONES DEL CAPITÁN NEMO

Para Miguel Ángel Sosa Higuera (q. e. p. d.).


Mi casa está donde dejo el sombrero.
Con trozos de mapas hago mi cama.
Cruzada atea sin armas, sin dama,
sin rey emprendo, con poco dinero.

Tal vez quede en mí aquel camarero
que aguantaba estoico al jefe que brama,
oscuras mujeres de dudosa fama,
narcorrocieros de ruín monedero.

Entretenedor que busco mi sino
por playas de cibernética arena
repartiendo ostias por el camino

a quien las busca, con gloria y sin pena,
como un sacerdote en mi submarino,
tal vez pensando en alguna sirena.

martes, 5 de julio de 2011

NUBES ROJAS DE SEPTIEMBRE


      Me han acompañado durante años pero sólo a partir de una cierta edad comencé a observarlas tratando de descifrar su significado. Siempre de madrugada, siempre en la primera semana de septiembre, y yo siempre en mi azotea, como el último surfista errante del mundo ante su gran ola de cada año; y ellas como aquel grupo de vikingos que entraron por el Guadalquivir hasta la Sevilla musulmana tratando de saquearla, hecho del que apenas quedan unas breves y temblorosas reseñas en las crónicas de la época y que hoy parecen imposible de creer, pero que sucedieron. Igual de increíble resulta la llegada de estas nubes flotando en el bochorno nocturno del cíclico verano que cada año, por estas fechas, toca en retirada.

       Estuvieron conmigo en los exámenes de septiembre, en las largas noches de cafeína y reflexión, y hoy vienen a visitarme una vez más, como las novias que no tuve, a las que encerré en baúles con llave que lancé, por el acantilado, al mar para que no doblegaran mi anarquía. Vienen a visitarme y son ellas las que me sacan a bailar en una fiesta de fin de curso en la que soy invitado, segurata, barman y pinchadiscos-con-gusto a la vez.

       En realidad todo el mundo está invitado pero sólo yo sé construir escaleras transparentes en la noche para acudir a la cita. Y me envuelven. Me consuelan. Me prometen volver como siempre, cada año, al comenzar septiembre. Sé que no faltarán a su palabra pero tal vez yo falte a la mía y no esté entonces para verlas. Es lo que tiene la jodida temporal y carnal condición humana.

       He bailado con todas y no sé cuál de ellas me gusta más, a cuál me llevaré a la cama hoy. Pero las muy zorras siempre huyen. Su inmaterialidad les ayuda (sí, ya sé que algún físico me discutiría esta afirmación) y yo no hago mas que chocar contra la pista de baile alquitranada del cielo cuando intento atraparlas.

       Suena una nueva canción, miro hacia la cabina y allí estoy yo pinchando. Me veo a mí mismo de segurata en la puerta, vigilando al tipo tirado en la pista de baile que soy y empezando a preguntarme si no es ya hora de echar a ese borracho alborotador que persigue a las chicas. Y actúo. Cojo al borracho del brazo pero caigo en la cuenta de que, entonces, también tengo que expulsar al pinchadiscos y al barman, pues son la misma persona. E incluso a mí mismo. “ ¡Venga!, ¡todo el mundo a la calle!”.

       Las chicas se quejan: “ No hacías nada. Somos nosotras las que hemos venido a verte. ¿Por qué eres tan duro contigo mismo si cuando tratabas de cogernos el culo hacíamos como que no nos gustaba para que el próximo septiembre vuelvas a subir aquí, con nosotras?”. En esos momentos, el lenguaje femenino de las nubes resulta difícil de entender para mí así que todos: yo, el barman, el pinchadiscos y el segurata, salimos del local, y una de las chicas susurra tímidamente: “nos vemos el próximo septiembre”.