martes, 27 de diciembre de 2011

LAS BOLAS DEL ÁRBOL DE NAVIDAD.

 Faltaba una semana para  Nochebuena cuando las bolas del árbol de Navidad despertaron de su sueño. Seguro que sabéis de qué bolas hablo. Esas bolas grandes de colores que se ponen en los árboles y que son como espejos donde uno se asoma y ve su cara gigante a medida que se acerca a ellas. Esas bolas que cada vez se ven menos en los árboles de Navidad porque han pasado de moda y hoy día hay otro tipo de adornos como cajas de regalo pequeñas, gorros de Papá Noel, bastones y luces, muchas luces, millones de luces... Ni siquiera los árboles son como los de antes. Hoy son enanos y vienen con un enchufe incorporado, o funcionan a pilas. No hace falta decorarlos ni montarlos. Sólo hay que comprarlos y enchufar; y se pueden colocar en cualquier lado, encima de una mesa, en cualquier sitio... Esta historia que os voy a contar sucedió a un grupo de estas bolas...

   Como he dicho antes, las bolas de Navidad despertaron una semana antes de Nochebuena, porque las bolas de Navidad duermen durante todo el año y sólo despiertan cuando llega esta época. Saben que en cualquier momento alguien va a abrir la caja de cartón donde están para colgarlas en el árbol y por eso se ponen nerviosas, saltan, ríen, se chocan entre ellas... Pero estas bolas de las que hablo hacía años que no reían ni despertaban con ilusión por la llegada de la Navidad. Eran bolas grandes, viejas, y ya no se utilizaban en el árbol. Sus dueños habían comprado otros adornos de ésos que antes os he dicho y ya sólo las sacaban para pegarlas con cinta adhesiva en las paredes, ventanas, puertas..., ya no era como antes. Por todo esto ya no se despertaban con ilusión, alegres, nerviosas, ni chocaban entre ellas sino todo lo contrario. Cuando se acercaba la Nochebuena pensaban que sus dueños iban a abrir la caja para tirarlas a la basura y eso les daba miedo, y también pena. Durante mucho tiempo habían alegrado la casa. ¿Por qué querían ahora deshacerse de ellas?, se preguntaban, y miraban con desconfianza y envidia a los nuevos adornos que lucían en el árbol, desde las paredes, cristales o cualquier rincón donde estuviesen colgadas.

   Pero aquel año era diferente. La semana iba pasando y las bolas seguían, despiertas y miedosas, encerradas en la caja. Nadie abría para mirar y cada vez estaban más inquietas. Entonces la bola rosa, que era muy lista, tuvo una idea:

Podemos usar nuestros poderes para saber si hay otras bolas como nosotras en las otras casas de la ciudad, si sus dueños también se han olvidado de ellas. Así si nos reunimos, tal vez se nos ocurra algo".

"Sííí", -dijeron todas, y chocaron felices. Porque esto es algo que antes no os he contado: las bolas tienen poderes. Si se concentran mucho pueden averiguar con el pensamiento dónde hay bolas como ellas y comunicarse sin palabras. No importa la distancia. El lenguaje de las bolas no es reconocido por el oído humano, por eso no las podemos escuchar.

   Todas aplaudieron la idea de la bola rosa pero eran muy perezosas y para poder usar los poderes había que esforzarse mucho. Todas acordaron que fuera la bola rosa la que lo hiciera y ésta accedió. La bola rosa se colocó en el centro de la caja y empezó a temblar y a sudar purpurina, y notó que en la ciudad había un montón de casas en las que todavía había guardadas cajas que contenían bolas como ellas, solas, abandonadas. Algunas le hablaban desde un cubo de basura, otras iban camino del mismo montadas en un recogedor y chillando de terror. Aquello era como la radio. Todas las bolas hablaban a la vez y a la bola rosa empezó a dolerle todo por el ruido que recibía: " ¡a nosotras no nos quieren!", "¡a nosotras ya no nos cuelgan ni de la pared!", "¡socorro!", "¡salvadnos!"... Eso era lo que escuchaba la bola rosa y eso fue lo que comunicó a sus compañeras. "¡Estamos perdidas!", dijeron, y todas empezaron a temblar.

   Los días de esa semana pasaron como meses, como años; no, como siglos. Todas lo tenían claro. Los dueños iban a deshacerse de ellas. Su tiempo había acabado.

"Esta claro", dijo la bola verde.

"Nunca suelen tardar tanto en decorar el árbol y la casa", dijo la bola azul.

"Ya debería estar la caja abierta y nosotras colgando por las paredes", dijo la bola amarilla.

"Tal vez no nos coloquen o se olviden, pero eso no significa que se deshagan inmediatamente de nosotras. Pueden pasar los meses y entonces habrá pasado la Navidad y lo que nos suceda nos cogerá dormidas", dijo la bola rosa, que además de lista era muy optimista. "Al menos habremos disfrutado de un buen sueño".

"Vamos a ir al cubo de la basura directamente", dijo la bola negra, que en realidad no era de ese color sino plateada, pero como estaban a oscuras lo parecía, y lo veía todo negro. Y esperaron.

   No supieron cuánto tiempo había pasado (las bolas de Navidad son muy malas calculando el tiempo y tampoco llevan reloj) cuando oyeron pasos apresurados y la voz de un niño:

"¿Estaban aquí, papá?".

"¡Espera, Daniel!. ¡No me revuelvas el cuarto de los trastos!", dijo una voz femenina.

"¡Déjalo, mujer!. ¡Yo lo hago!. ¡Descansa!", contestó un hombre. Y la caja se abrió.

   Las bolas vieron la cara del hombre que todas las navidades las sacaba para decorar la casa. Estaba un poco más viejo, pero era el mismo.

"¡Coge algunas, Daniel!. ¡Yo no puedo con todas!". El hombre cogió algunas bolas y se fue. Al instante asomó la cara del niño que habían visto otros años. Había crecido un poco y tenía la cara algo cambiada, pero lo reconocieron. Cogió unas cuantas y preguntó: "Papá, ¿me llevo la caja?". El hombre no contestó y el niño salió corriendo. En la caja quedaron la bola negra, que ahora volvía  a ser plateada,  y la rosa.

"Esto es el fin", decía la plateada.

"¡Ha sido un placer conocerte, hermana!", decía la rosa, que ya no dudaba de su destino.

   Daniel volvió y las cogió. Fueron pasando en las manos del niño por diferentes habitaciones de la casa pero vieron que no iban hacia el salón, que era donde siempre acababan colgadas, ni tampoco hacia la puerta de la calle. Pasaron por el pasillo en  dirección contraria a la que conocían y llegaron a un lugar que nunca antes habían visto. Era un cuarto pequeño y acogedor. La mujer que habían escuchado estaba allí sentada en una silla. Estaba algo cambiada físicamente desde la última vez. Algo más vieja, como el hombre, pero muy pálida y ojerosa, como si estuviera cansada. Tenía un brazo apoyado en el borde de una cuna y un bebé que nunca antes habían visto dormía en ella. El hombre estaba agachado al lado, y se volvió al niño pidiéndole las dos últimas bolas que traía. Los barrotes de la cuna estaban decorados con las restantes bolas de Navidad. En todas ellas se reflejaba la cara del bebé.

   La rosa y la plateada sonrieron antes de ser colocadas con las demás. Ahora comprendían la tardanza de sus dueños en sacarlas. Habían estado muy atareados aquellos días. Esa Navidad iba a ser especial.











martes, 13 de diciembre de 2011

SANA ADVERTENCIA A UN NOBLE QUE AÑORA TIEMPOS PASADOS.

No habrá yelmo donde entren tus mofletes
de amigo tonto del chavo del ocho,
ni madera de héroe, ni aun de Pinocho,
ni de Babieca tienes, ni prometes;

ni siervas que se dejen dar cachetes
(hoy saben mucho las hijas del mocho)
verás por tus tierras. Con calimocho
te sacarán coplas los mozalbetes.

Para la honra de tus damas, ovejas,
carretes al peso habrás de comprar
y emplear en zurcir virgos mil viejas;

y sabrás lo que la espalda es doblar
cuando los moros, captivo tras rejas,
quieran contigo pernada gozar.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

AL AMANECER...

      Llegaron al amanecer, como los fantasmas familiares que se nos aparecen en el cuarto de baño con la primera meada del día cuando el sol todavía no ha salido. Un Seat Toledo gris, cuatro figuras espectrales encapuchadas envueltas en túnicas blancas, una escalera para saltar el muro, unas tenazas para cortar el alambre, el factor sorpresa que brindan los minutos previos al crepúsculo matinal y su efecto narcotizante en los vigilantes de seguridad privada que esperan ansiosos el cambio de turno para volver a casa; por supuesto los cuchillos-sables de cincuenta centímetros de longitud para la “ceremonia de purificación”, el plan hábilmente urdido en una urbanización de lujo por el Jefe Supremo un año antes, la fe ciega y el apoyo incondicional (rozando el fanatismo) de sus discípulos… Y no podemos olvidar el tablero de juego donde se iba a disputar la partida: aquella mediática casa situada en la sierra.



      Las cámaras captaron a las extrañas figuras atravesando el jardín como una procesión. El efecto de la, todavía, oscuridad y los focos de luz instalados en la casa provocaban la ilusión óptica de que aquellos seres extraños y encorbados no apoyaban los pies en el césped al andar sino que rodaban sobre él. Su rapidez de movimientos era extraordinaria y tal vez las personas que estaban a cargo de la realización del programa pensaron que la falta de sueño les hacía ver visiones. “¿Cómo podía ser?”, pensaban. “El personal de seguridad los habría detectado”. Pero el personal de seguridad esperaba lo mismo de las personas a cargo de las cámaras y los realizadores en ese endiablado círculo de reparto de culpas que se establece en una organización más o menos amplia cuando todos son conscientes de que la han cagado y nadie quiere reconocerlo. “Se nos han colado hasta la cocina”, dirían posteriormente en privado. Pero no, no pasaron primero por la cocina. Sabían lo que hacían. Tiraron para el gimnasio donde Ángel, el macho alfa de la casa, el único capaz de presentar alguna resistencia por sus conocimientos de artes marciales y su desarrollada musculatura, amén de su marcada tendencia a zurrar más de la cuenta, se encontraba relajado en el jacuzzi tras haber realizado su sesión diaria de ejercicios matinales. Un tajo en el cuello tiñó el agua de sangre y se puso fin a una brillante carrera de semental televisivo, además de aliviar la carga de trabajo de la Justicia por un juicio pendiente por maltratar a su ex esposa.





      Una vez eliminado todo fue sobre ruedas. Los otros tres concursantes eran presa fácil. Susana, compañera de “edredoning” del ya difunto Ángel, fue acribillada a cuchilladas en la cocina mientras engullía el primer yogurt desnatado con biobífidus del día, elemento indispensable (según ella) en su dieta de pajarito para conservar su belleza. Dicho yogurt había sido el principal protagonista de algunos de los mejores momentos del programa, al ser motivo principal de las discusiones de Susana con el resto de compañeros por pensar los demás que era un despilfarro. “A mí me suda el chocho”, decía la muy puta, con su horrorosa voz nasal de rubia teñida de extrarradio. Las “lenguas de metal sagradas” hablaron y Susana ya no sería portada de Interviú unos meses después, como pensaba. Saldría al día siguiente en las páginas de sucesos de los principales diarios del país.



      El resto fueron daños colaterales, que dirían los yankis. Martín y Nuria, pareja que se había conocido en la casa. El pobre cateto Martín, pastor de ovejas, al que tal vez el aburrimiento en su pueblo natal o una bravuconada etílica de solterón sin peligro en las últimas fiestas ante sus paisanos, le habían llevado a presentarse al casting para entrar allí; “pá conohé la hiudá” como decía el infeliz, y todos se reían más de él que con él cuando lo decía en riguroso directo. Nuria, licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla y parada de larga duración, que encontró en Martín la amistad y el amor sinceros  que nunca halló en sus compañeros de carrera, de instituto, de colegio, de guardería, de barrio o de generación en general, en una vida enterrada en libros que injustamente la había conducido al abismo del paro y la desesperación. Una chica tímida con un expediente académico de matrícula de honor. Ambos murieron con una sonrisa mientras dormían abrazados, ni se enteraron. Ya lo dijeron los colaboradores de la tertulia de la semana siguiente a estos desgraciados hechos, líder de audiencia por cierto, cuando retiraron todos los cadáveres de la casa (incluidos los de los cuatro asaltantes de la misma -dos hombres y dos mujeres- que se suicidaron en un último acto litúrgico), cuando ya la policía nacional detuvo al Jefe Supremo y se descubrió el plan.



      Yo, Leandro Guzmán , estaba de reserva para entrar en la casa sustituyendo a la insoportable y ya difunta Susana, cuya futura y esperada expulsión  se veía venir.
Participé en la tertulia postmatanza leyendo una emotiva nota de homenaje que preparé para la ocasión para unas personas que nunca conocí personalmente y con las que ni siquiera hablé o ni siquiera vi. Todo el mundo me aplaudió. Gracias a eso hoy presento un programa estafa- idiotas a altas horas de la madrugada que genera bastante dinero. “Animal con cuernos que embiste de cuatro letras, empieza por T y termina en O. ¡Venga, que es muy fácil y hay mucho dinero en juegoooo…!”.Hay noches en las que cuando me llevan a los estudios de televisión, me siento como un superviviente del Titanic.



domingo, 6 de noviembre de 2011

(...)

Piscinas oscuras.
Agua inmóvil.

Formas de pies de corcho
que del borde se elevaron.
Ya vuelan las últimas
huellas del verano.

El sol que desciende hará el milagro
de unir, desbordando, los estanques.
-"Yo soy luz, tú agua.
Yo tu alma, tú mi carne".

Mueve el viento el dorado espejo.
Los pasos de la tarde ahogados.
Muñecos de tierra y pasto secos
en campos vacíos y desolados.

Humean.
Lejos.

martes, 25 de octubre de 2011

LUNA VERDE

La luna verde,
como la pegatina tridimensional
de una pequeña porción del universo.
El rostro del ahogado en un barril de anís
que yo contemplo.

Queso enmohecido.
Déjame pasear por tu jardín de flores
fosilizadas. Déjame decirte cuanta
angustia me causa tu lejana imagen.
Un cadáver flota en el mar respirado
y su sombra se dibuja en los tejados.
Rojas pompas resbalando por las tejas.

Formando parte de una naturaleza
muerta, oculta tras un telón de paja
apilada, en un montón para la quema,
que ya me abrasa.

VIOLETAS NEGRAS

Bajo tierra hay
una niña que llora.
De sus ojos un árbol
que bebe de sus lágrimas.
Y en lo alto una estrella
que sus padres sujetan
para que no caiga.

Enséñame
tu mano muerta.
Déjame besar
tu falsa alianza,
que brilla con la ausencia
de mi nombre en ella.

Violetas negras
para la niña triste.
Enterrada
entre pétalos de cal.

jueves, 25 de agosto de 2011

EL FINAL DEL VERANO.


      Es inevitable hablar sobre él en estos días. Mucho se ha escrito, compuesto y filmado directa o indirectamente. Los Beach Boys le dedicaron toda una carrera musical, sin ir más lejos. Se acabó, fin del asunto, Chanquete ha muerto. Las piscinas son la mejor metáfora. Las aguas quietas y turbias, ojo herido del cíclope moribundo del estío. Algún balón flota en ellas como coágulos de una herida lamida por el crepúsculo. Lloran pisadas húmedas los bordillos. Sus propietarios se apresurarán en vaciarlas o las dejarán como un retrato de recuerdo del loco fotomatón veraniego. Éstas criarán vida y serán objeto de investigación de los buzos de National Geografic durante todo el invierno. Se podrán ocultar en ellas cadaveres de malvados directores de colegio asesinados por sus esposas, como en aquella película... El último baño, el último beso... Un adiós tallado en las rojas nubes que siempre asoman en las noches de septiembre, mientras el lagarto fragmentado en infinitos ojos de luz regresa a casa por la autovía, ensayando posturas con los brazos abiertos, como los pescadores que cuentan mentiras.

lunes, 15 de agosto de 2011

MEDITACIONES DEL CAPITÁN NEMO

Para Miguel Ángel Sosa Higuera (q. e. p. d.).


Mi casa está donde dejo el sombrero.
Con trozos de mapas hago mi cama.
Cruzada atea sin armas, sin dama,
sin rey emprendo, con poco dinero.

Tal vez quede en mí aquel camarero
que aguantaba estoico al jefe que brama,
oscuras mujeres de dudosa fama,
narcorrocieros de ruín monedero.

Entretenedor que busco mi sino
por playas de cibernética arena
repartiendo ostias por el camino

a quien las busca, con gloria y sin pena,
como un sacerdote en mi submarino,
tal vez pensando en alguna sirena.

martes, 5 de julio de 2011

NUBES ROJAS DE SEPTIEMBRE


      Me han acompañado durante años pero sólo a partir de una cierta edad comencé a observarlas tratando de descifrar su significado. Siempre de madrugada, siempre en la primera semana de septiembre, y yo siempre en mi azotea, como el último surfista errante del mundo ante su gran ola de cada año; y ellas como aquel grupo de vikingos que entraron por el Guadalquivir hasta la Sevilla musulmana tratando de saquearla, hecho del que apenas quedan unas breves y temblorosas reseñas en las crónicas de la época y que hoy parecen imposible de creer, pero que sucedieron. Igual de increíble resulta la llegada de estas nubes flotando en el bochorno nocturno del cíclico verano que cada año, por estas fechas, toca en retirada.

       Estuvieron conmigo en los exámenes de septiembre, en las largas noches de cafeína y reflexión, y hoy vienen a visitarme una vez más, como las novias que no tuve, a las que encerré en baúles con llave que lancé, por el acantilado, al mar para que no doblegaran mi anarquía. Vienen a visitarme y son ellas las que me sacan a bailar en una fiesta de fin de curso en la que soy invitado, segurata, barman y pinchadiscos-con-gusto a la vez.

       En realidad todo el mundo está invitado pero sólo yo sé construir escaleras transparentes en la noche para acudir a la cita. Y me envuelven. Me consuelan. Me prometen volver como siempre, cada año, al comenzar septiembre. Sé que no faltarán a su palabra pero tal vez yo falte a la mía y no esté entonces para verlas. Es lo que tiene la jodida temporal y carnal condición humana.

       He bailado con todas y no sé cuál de ellas me gusta más, a cuál me llevaré a la cama hoy. Pero las muy zorras siempre huyen. Su inmaterialidad les ayuda (sí, ya sé que algún físico me discutiría esta afirmación) y yo no hago mas que chocar contra la pista de baile alquitranada del cielo cuando intento atraparlas.

       Suena una nueva canción, miro hacia la cabina y allí estoy yo pinchando. Me veo a mí mismo de segurata en la puerta, vigilando al tipo tirado en la pista de baile que soy y empezando a preguntarme si no es ya hora de echar a ese borracho alborotador que persigue a las chicas. Y actúo. Cojo al borracho del brazo pero caigo en la cuenta de que, entonces, también tengo que expulsar al pinchadiscos y al barman, pues son la misma persona. E incluso a mí mismo. “ ¡Venga!, ¡todo el mundo a la calle!”.

       Las chicas se quejan: “ No hacías nada. Somos nosotras las que hemos venido a verte. ¿Por qué eres tan duro contigo mismo si cuando tratabas de cogernos el culo hacíamos como que no nos gustaba para que el próximo septiembre vuelvas a subir aquí, con nosotras?”. En esos momentos, el lenguaje femenino de las nubes resulta difícil de entender para mí así que todos: yo, el barman, el pinchadiscos y el segurata, salimos del local, y una de las chicas susurra tímidamente: “nos vemos el próximo septiembre”.


FLOR DE GRANADA

Yo.
Mirando el cambio
de las formas
en el agua.

Tú.
Te volviste plata
en las montañas.

La lágrima bajaba
helada hasta el arroyo.
Yo voy subiendo solo
la cuesta hacia la luna.

Veo formas en el agua.
No es ayer ni mañana.
Dibujada en el fondo
la flor de la Granada.

Ya no soy el rey
que antes reinaba.
Disfrazado de mendigo
y enredado en telarañas.

¿Dónde quedó el camino?.
Ése que una vez pasé,
que no consigo
y que todavía no olvido.

¿Y la casa de las mil noches
cosidas en papel
en su piel de pared
luminosas y radiantes?.

El mismo marco frondoso
lleno de carmín de luna.
Las sendas que recorrimos
aguardan en la espesura
la vuelta de nuestros pasos.
Perdidos.

miércoles, 29 de junio de 2011

EL AÑO PASÓ COMO UN BARCO.

El año pasó como un barco.
Oscilando en vaivenes, indeciso.
La borda inclinada, el ancla rota.
Las millas sucediéndose en segundos.
Alcancé las tres islas a nado.
La cuarta a pie, por el suelo helado:
el trozo de hielo en el que descanso.

El año pasó como una canción.
Haciendo quiebros en el firmamento.
Transformando mis piernas en vapor:
agua con alas que sube a mi cara,
río subterráneo que me recorre.
La voz hace pausas que duran horas
y días cuando anda de puntillas.

jueves, 16 de junio de 2011

HAY UN HOMBRE EN MI CIUDAD...

    Hay un hombre en mi ciudad que vende libros en la calle. Se sienta en un bordillo (no recuerdo si un bordillo o una silla pequeñita) o se pone en cuclillas (no lo he visto todavía de pie con lo que desconozco su altura real) y pone una manta sobre la que ordena la mercancía. Están usados pero decentemente conservados, con el cuidado del que tal vez, algún día, los consideró su tesoro. Los libros no son como los coches o los aparatos reproductores de CD. La mejor obra puede contenerse en un ejemplar sin pastas o con las páginas amarillas o pintarrajeadas, de ahí su grandeza.

    Es frecuente ver a vendedores ambulantes o espontáneos exponiendo colgantes artesanales, ropa,... pero es extraño ver a alguien vender libros en la calle, exclusivamente eso, libros. Hay quien lo hace en los rastros, camuflados junto a piezas arqueológicas expoliadas, jaulas de canarios o bicicletas tomadas en préstamo perpetuo con nocturnidad (o no) y alevosía (siempre). El hombre del que les hablo, no.

    Me gustaría pensar que no le han gustado, no le caben en casa o tal vez se le acumulan en la librería que regenta y prefiere sacarlos a la calle. Tal vez le gusta mercadear, el contacto con el público, pero no me lo parece por su gesto silencioso. Me temo que se ve obligado a desprenderse de su tesoro por necesidades económicas y eso es algo tan terrible como lo que le sucedió a Borges: un hombre que se volvió ciego y tenía a su alcance toda una biblioteca repleta de libros. A nuestro hombre una maldición le impide disfrutarlos.

    La resignación estoica con la que vacía el carro de la compra donde los transporta y la calidad aceptable de las obras expuestas creo que me dan la razón. Algunas novelas, libros filosóficos, libros clásicos... muestran el DNI de su amo. Una pequeña biblioteca personal juntada con los años sin duda. No se trata de un material encontrado de la noche a la mañana junto a cualquier contenedor, eso seguro. La curiosidad de nuestro hombre le ha llevado al autoaprendizaje (al igual que muchos de los que escribimos en estas páginas), la forma más satisfactoria que existe de llegar al conocimiento. Pero el sentido práctico que llevamos dentro (algunos más que otros) y en los momentos difíciles amenaza con desbaratar nuestra escala de valores, ha podido con él. Tal vez, incapaz de dedicarse a otra cosa de momento (o a que no le dejen hacerlo), ha optado por una solución extrema. Suele pasar que en este tirano mundo de lo útil e inútil que hemos tolerado se cierren puertas a la reflexión y a la sabiduría. Ambas cuestan tiempo y son juzgadas innecesarias ante el poder de lo inmediato. Tal vez nuestro hombre sea un seiscientos averiado más en la cuneta de la moderna autopista construida “por nuestro bien”. Pero de momento, se coloca sus gafas y lee, con la cabeza agachada.

    Noto el tiempo detenido en él, como si de un juguete de invierno se tratase, mientras todo a su alrededor se mueve. Freno mis pies y cazo con mi vista de Indiana Jones para las gangas, con látigo y sombrero incorporados, un ejemplar de las “Vidas paralelas” de Plutarco, en concreto el libro dedicado a César y Alejandro Magno. Es sólo en ese instante cuando el hombre levanta la cabeza y nos mira a mí y a otro posible cliente con desconfianza para, seguidamente, volver a su lectura. Entonces, reprimo las ganas y me separo del improvisado puesto para seguir mi camino. Al alejarme, creo percibir en el brillo de sus gafas un silencioso y amargo agradecimiento.



miércoles, 4 de mayo de 2011

FIN DE AÑO EN BUENA COMPAÑÍA

Anne Igartiburu da las campanadas
 y muerdo sus ojos
 y diez uvas más.
 Su pelo reposa
  nervioso en mi copa.

 Gemma Mengual nada
 y mira celosa,
 sin apenas ropa.
 Es mi afortunada
 segunda esposa.       

NOSEDONDE

Ofreciendo tributos al destino.
Arden al sol las vísceras de julio.
Me devora tu imagen hecha carne.
Se viste con mis despojos el verbo.
Hay una riada de alquitrán líquido
que entra por nosedonde.
Remo sobre las barcas de mis pies
buscando tu orilla.
        

VASOS COMUNICANTES

Celebremos nuestro encuentro.
La noche nos es propicia.
Vasos comunicantes en el cielo
son las estrías de la oscuridad,
un paquete de tizas nuestras manos.
Caminemos por las rampas de luz
recién abiertas y frescas,
ojos de gatos efímeros
que en el armario nocturno
cuelgan de perchas aéreas.
Elevo al cielo mi rostro de esfinge.
Ciclón de temperamentos
tu color y mi dolor,
simulan con una sonrisa
la derrota de la pluma apagada.
               

QUE NI LAS BABAS PUEDAS LIMPIARTE...

En el asilo, Ulises besa a Penélope
en la clase de bailes de salón
y llora, porque los dioses ganan
y se secó la flor de la anarquía
y Telémaco se fue y no regresa.

CIUDAD ESMERALDA

Anulado en la pared
de tu cuarto de juegos.
Mi razón se apolilla
hermanada al madero.
Y la sangre que baja
de mis pies hasta el suelo
es la luz de tu casa.
Cómo lucen los marcos.
Y un sofá color malva.
Chimenea en el fondo
y una llama azulada.
¿Para quién la preparas?.
Candelabros de plata
y alfombra encarnada.
Anudado en la red
a un salto del cielo.
Las paredes de azul
y la araña en negro.
¿Para quién la preparas?.
Para el que pueda pagarla
en Ciudad Esmeralda.
                               

SOL DE CENIZA

Arde la tierra
y está tan lejos el mar
que ni siquiera el cielo
puede sus olas pintar.
Sol de ceniza.
Humeando está mi cueva
de madera astillada
esperando que llueva.
Ocultos en las rocas.
En los montes, infierno.
Fugitivos de negro
esperando al invierno.
Buscando:
sal celeste.
Excavando:
minas de imposibles.
Luminosa muerte es el verano.
                      

LA FIESTA DE RIP VAN WINKLE

Caminaba con la escopeta al hombro sin que nada le perturbase
y el monte se abría ante él como una cúpula verde de misterio
y tan sólo un perro,
tan sólo,
compartía la dirección de sus huellas.
Y fue tragado por el olvido como tantos otros
para volver viejo y cansado tras veinte años.
Para contar su experiencia,
para contarla,
a gentes extrañas y sin imaginación.
Gentes que no suben al cerro de sus miedos
que es la nada vertical que a todos nos acecha
para darnos un abrazo,
o para darnos
un machetazo entre los hombros.
Con la frialdad de un estilete de piedra
despegando el musgo de las paredes del alma,
con los ojos clavados,
como ojos de fuego ardiendo en las espaldas.
Y la humanidad camina por un bosque talado
con un camino de albero que cicatriza en su vientre.
Mas yo prefiero estar,
lo prefiero,
con Rip y los serenos bebedores holandeses de su fiesta.

AMOR DE ALMACÉN

Algo destrozará nuestro pequeño mundo,
nuestras cuatro paredes de arcilla y de forraje,
y pensamos que el tiempo avanza como el sueño
y los días son aire, pájaros que contamos
con manos que son muñones sin dedos
para no tener miedo del futuro.
Amor de almacén. Amor del cobarde.
Voz de ensayo ante oídos que no escuchan.
¿Qué más puede pasarme?. ¿Acaso estoy loco?.
Hago tu voz mi voz y volverá a ocurrir.
Tu gesto de desdén. Al menos me parece.
La mano temblorosa que escribe este poema
y tus pasos que caminan tras otros,
los de tu legítimo propietario;
el amo y señor de todos tus besos,
agujero negro de tus abrazos.
Sólo me queda colgar tu silueta
en mi armario de luna cadavérica
donde lloran mujeres por las noches;
maniquíes sin rostro, aventuras sin héroe
colgadas para siempre en mi memoria.

DEJAMOS PASAR LOS DÍAS

Dejamos pasar los días
rebozados de rutina
por un pasillo onírico
pintado de indiferencia.
YA NO NOS VEREMOS MÁS.

LA CASA CERRADA

HABITACIÓN UNO.

Todo comenzó
porque la rareza
es una vidriera
de colores plácidos
que al coger la llave
nadie me advirtió.
Y entré con la prisa
de los novios
en luna de miel
para, en el templo,
colocar mi imagen
y con los fragmentos
de luz en el suelo
regalar un dogma
al adolescente
que duerme en los cuerpos
de los jubilados.
Porque el triste don
es mi propio bálsamo,
yo te lo regalo.

HABITACIÓN DOS.

Fiebre viene a buscarme y la pared
de la habitación se llena de estrellas.
Pero no es más que una transparencia
que los materiales nobles que forman
el edificio capturan del cielo.
Vivir en una casa transparente
es regalar la llave a los ladrones.

HABITACIÓN TRES.

Pájaro que planeas con las alas
pringadas de fluido dorado,
te advierto del peligro
pero no me escucharás y serás
un cadáver más sobre mi azotea
cuando se ponga el sol.

HABITACIÓN CUATRO.

Aunque otra cosa podáis pensar
no todo, en la casa, es tristeza.
A veces, por las cañerías corre
anís
y la llama azul de la chimenea
tiñe del mismo color las paredes
para que, vista desde afuera, sea
un fabuloso ave tropical
de plumas
que sólo escriben en los corazones
de los que osan asomar sus rostros
a las ventanas.

HABITACIÓN CINCO.

El tic-tac del salón de los relojes,
peldaños de la escalera del tiempo.
Pequeños autómatas que disfrazan la realidad
de movimiento y sonidos agradables
que hacen olvidar a los humanos
la desolación de la calavera impenetrable,
el jugoso rescate que se cobra.

HABITACIÓN SEIS.

Observo trabajar a las hormigas
en uno de los muros de la casa,
en el escalón que da a la azotea.
Tirado en el suelo. Como una hoja.
Son elementos del mismo universo
su actividad y mi pasividad.

lunes, 25 de abril de 2011

SESIÓN DE JAZZ

Esos tíos juegan a tocar como
si no supieran tocar.
Ensayando en los tejados.
Dando fuego al teclado de la noche,
madera y nácar que se infla y llora
y como un collar de humo
estrangula a la luna.
Que todos los poemas se improvisen
como si fuéramos analfabetos
que hacen como que escriben.
Unos trazos sueltos en la cuartilla
son los bigotes de un gato
o cuerdas de un instrumento
que acabamos de afinar con el alba
y que por el día se desafina
mientras dormimos cansados.
Así debería ser el poeta.
Otra vez toca esperar al crepúsculo.
El verano es un solo nocturno.
Pero esos tíos se lo pasan bien
practicando tuboflexia
en los almanaques de las persianas.
Nosotros improvisamos emblemas
en los lomos de las ratas que pasan.
Estudiamos la heráldica carnal
con la música que arde en el fondo,
como un pez en el vaso de licor
de los hombres divertidos,
de los colgados del jazz.

LED ZEPPELIN

Jóvenes bestias, animales bellos;
la contínua exposición os agota
y al ritmo destructivo, la derrota
os transporta en siniestros camellos.

De un Valhalla de perdición, destellos
sois de juventud y oro; gaviota
con alas de plomo que el cielo azota;
setos de espino vuestros cabellos.

Cuelga sedienta el alma levadiza
al desvanecerse el toque del cuerno;
negro mundo de gloria movediza.

Mujeres desnudas en el infierno
adornan con guirnaldas de ceniza
las paredes del palacio de invierno.

MHS

el sabio vive de ilusiones muerto
parece Esto un Poema de Panero
EPP escribo sin saber adónde
se dirigen los trazos Ilusión
no me falta porque por ella vivo
el sabio vive de ilusiones muerto
pero yo no lo soy soy sólo un Muerto
que aprende a ser un Hombre Sabiamente.
MHS.

GARGANTA PROFUNDA

Es un error escribir un diario
pero
no es un error escribir a diario
cuando la cabeza arde,
cuando arden las manos (creen los físicos);
porque la lengua que lame culos es
tan larga
y las gargantas guardametas son
máquinas de tragar.
MÁQUINAS DE UNA OBRA EXISTENCIAL
ILEGAL
SIEMPRE "MORALMENTE" NO PERMITIDA.
Aunque la octava palabra dé miedo
o confusión...
...tal vez mal utilizada, tal vez.
...la de la frase en mayúsculas.
...la que está entre comillas.
...la que cuelga en el tendedero cogida con pinzas
y escupida por todos
por su maldad autocomplaciente.
Tontamente me ha salido
un poema con dos títulos.

jueves, 27 de enero de 2011

NANA DE FREDDY KRUGGER

   "Duérmete, duerme
      alma serena.
      Fotografías
      de mi entrepierna
      en tu cabeza
      se te revelan."
      En el jardín
      crece maleza.
      Corro de niños
      sobre la acera.
      Cantan canciones
      ante su puerta:
      - ¿Quién en la casa
      mora o se hospeda?.
      Una pequeña
      da la respuesta:
      -El del sombrero
      que nos molesta.
      Coge su guante,
      está en la mesa.
      Sin sus cuchillas
      pierde fiereza.
      Somos pequeños
      y nos aterra
      entrar adentro.
      -¡Corred!, ¡se acerca!.
      Huyen los niños
      y en mi torpeza
      quedo enganchado
      contra la cerca.
      Pero despierto
      sobre la arena
      en una playa
      blanca y desierta.
      "Sigue soñando,
      esto no cesa.
      Un cementerio
      es tu cabeza."
      Entre las olas
      surca una aleta,
      cinco navajas
      como peinetas
      que entre los dedos
      se balancean.
      "Sigue soñando,
      con tu pereza
      cocino pizzas
      de almas en pena.
      Mis quemaduras
      son como muescas,
      por mis pecados
      me fueron puestas.
      En mis dominios
      ya no hay respuestas.
      Pierdo mi reino
      si te desvelas.
      Sigue soñando,
      tú me la pelas."
     
     

EN ALGÚN PUNTO DE TEXAS

Todo el día de un lado para otro,
de un lado para otro...
Nunca me gustó el calor del desierto
que vuelve las cabezas.
Toda la mañana y toda la tarde.
Es hora de volver.
El viejo Sam me alcanzó en el matadero.
- “¡Qué, muchacho!, ¿ te acerco?”.
Subí a la camioneta. –“¿Y esa sangre?”.
-“ Caí en la cuneta”.
-“¡Anda con cuidado ,hijo!. ¡Ten vista!”.
El motor arrancó.
-“¿Dónde anda tu hermano?. No lo veo”.
El viejo Sam me agrada.
Siempre me recoge en la carretera
cuando el día se acaba.
Me gusta tanto como las serpientes
de cascabel que atrapo,
como la tarta que hacía mamá,
como ir a pescar...
Y es entonces cuando pienso en la cena
y el sol tras las colinas
es del color de la piel de la chica
que vi por la mañana
en la gasolinera, con los otros,
los de la furgoneta.
¡Sucios veraneantes de ciudad!.
Se rieron de mí.
Juro por Dios que si los vuelvo a ver
se lo digo a mi hermano.
Pero el viejo Sam sabe conversar
y estoy muy bien con él.
No me llama idiota como los otros.
Y es bueno conduciendo.
-“¿Sabes, muchacho?. Corren tiempos duros.
Escasea el trabajo.
Tu abuelo acierta al decir que el vago
se hace, no se nace.
Era el mejor matarife de Texas.
Ponía el ojo y crac,
ya sabes. No paraba nunca quieto.
¿Entiendes lo que digo?.
No te quedes estancado, muchacho.
No seas vagabundo.
En el pueblo andan buscando gente,
en la carnicería.
No temas lo que digan los demás.
Piensa en tu abuelo, chico.”
Pienso en el abuelo y su pulso firme.
-“Me preocupa tu hermano.
Buen chico. Algo bruto, pero honrado.
Bueno y trabajador.”
El viejo Sam me dejó en el sendero.
Cuando habla, no para.
Pero yo no dejaba de pensar
en la cena y la chica
que olía a crema protectora
de la gasolinera,
que andaba con sus amigos estúpidos
viajando en furgoneta.
Y el estómago comenzó a rugir
y oí la motosierra
del tonto de mi hermano, tras la casa.
Y justo entonces vi
el vehículo blanco junto al porche,
las luces encendidas...
Con matrícula de sitio con pasta...
Y colgantes ridículos.
Y tuve un extraño presentimiento
cuando oí bufar al abuelo como
en tiempo de matanza.
Mi otro hermano apareció en la puerta.
-“¡Idiota, corre pronto!.
¡Ven a mirar en la nevera, vamos!.
¡Mira lo que nos trajo
nuestro imbécil hermano caracuero¡.”



EL ESTÚPIDO PROMETEO

Frankenstein contempla su rostro idiota
en la fuente del campus.
Su cabeza y su bolsa de deporte
contienen armamento
y un sanguinario y calculado plan
propio de un muerto andante
que es el monstruo de ...

Lleva cosido un atlas en su frente
de odio y soledad
por el que cruza una caravana
de camellos febriles
y un espejismo de región lunar
goteando de sus ojos,
los ojos del monstruo de...

No tiene nombre propio, es prestado.
Se le etiquetó
como a un bote de mayonesa boba
con los huevos podridos
y el laboratorio abrió sus puertas
liquidando existencias
hasta que salió él...

Ama en silencio a la animadora
del equipo de fútbol;
aquella que lo acompañó en el parque,
que le enseñó el pompón;
a la que empujó tan fuerte del columpio
que la hizo volar..
por encima del gimnasio.

Aquella noche vio desde el castillo
una hilera de antorchas
venir por el camino
pidiendo su cabeza.